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Ser padre en el viñedo

Ser padre en el viñedo
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“Come carne, salva una planta”. Este “meme” que recorre internet como respuesta a las proclamas “vegan” carcome mi pensamiento siempre que me lo cruzo. Y por ser en Sembra obsesos de la cata, el vino y el “terroir”, plantearé una pregunta metafísica y una personificación: ¿tienen alma las viñas? En opinión de este humilde especulador merece la pena aceptar la asunción. Y estoy seguro de que quienes las cuidan día a día en el terreno la aceptan a pies juntillas. Dada la cercanía al día del Padre en República Dominicana, esta reflexión viene, me parece, al caso. ¿Son mejores vinos aquellos que tienen en sus viticultores el mimo de un padre?

El debate de si el vino se hace en la viña o en la bodega lo dejaremos para otro día. Por el momento, partir de la premisa de que el calor paterno propicia mejores uvas resulta conveniente. ¿Qué tienen esas experimentadas manos para lograrlo? La primera decisión es la carga productiva que la planta tendrá a lo largo del año gracias a la poda. ¿Es posible que el buen viticultor busca que sus “hijas” den los mejores frutos, apostando a su futuro y su prestigio? Responderemos diciendo que el buen padre considerará que sobreexplotarlas empeora el resultado y ser demasiado laxos, limitando en exceso la carga, reducirá su capacidad de exposición en las mejores copas.

Otra buena práctica paternofilial en el viñedo es el trabajo manual y orgánico, esa búsqueda de equilibrio viña a viña, al estilo del “mens sana in corpore sano”. La vid es una especie altamente adaptable, una superviviente empedernida. Un buen padre evitará allanarle el camino con productos químicos salvo que sea imprescindible y preferirá actuar con precisión de cirujano ante cada vicisitud, dirigiendo y manipulando lo justo para que la vid se adapte por sí misma. Además, el trabajo orgánico propiciado por la mano paterna la implica con su ecosistema de manera sostenible, siendo su fuente de nutrientes y de aliados frente a plagas y enfermedades.

La uva de la viña orgullosa y el trabajo bien hecho, bien tutelada desde lejos por esta suerte de director de orquesta, estará lista para mostrarse al mundo el día de la vendimia. De aquí a la copa atravesará otra emocionante historia llena de decisiones por tomar o dejar de ser tomadas. Todo ello para que la mirada paterna vea reflejar su esfuerzo en una nota de cata, el placer de un comensal o, quizás, simplificada en la puntuación de un crítico. Desde aquí diré que esa objetivación del recorrido es lo que da sentido a esta tutela. ¡Salud por los Padres, las viñas y el vino!

Eduardo García Díaz
Certified Sommelier, Court of Masters Sommeliers
Director Comercial de Sembra Agencia de Vinos

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